Carlos explica cómo descubre el camino del edutainment, de la mano de dos disidentes: Sergi Corbeto y Norbert Monfort.

Les hablaba en mi último post, ¡Ya soy consultor!, de nuestro convencimiento de estar viviendo “en” y “de” un modelo agotado. Pero era algo más que un modelo. Era todo un sector el que funcionaba bajo estas premisas. ¿Qué hacer entonces? Con sentido común y tratando de no poner en riesgo nuestro prestigio profesional, totalmente conscientes de la situación, nos las ingeniábamos para seguir cosechando “sobresalientes” mientras explotábamos nuevas rutas para alcanzar la “transferencia”. El caldo de cultivo se iba cocinando con una serie de ingredientes básicos:

  • Conductas vs teorías

  • Reflexiones vs clases magistrales

  • Preguntas vs afirmaciones

  • Emoción, historias y espíritu de juego vs PowerPoints interminables

La mecha se encendió definitivamente cuando vimos una luz que iluminó el camino de la fundación de CookieBox. La incorporación de la Y-Generation en las empresas iba a obligar a éstas a codificar la relación con sus profesionales de una manera totalmente diferente. Y dentro de esta relación, la comunicación interna, la formación y el desarrollo debían hacer algo más que cambiar. Reinventarse me parece incluso un término que se queda corto ante lo que se avecina.

Y así, con la evidencia de la ingente cantidad de trabajo que había por delante durante la próxima década, nació Cookie Box. Para provocar la transformación de las organizaciones en base a los principios del Edutainment.

No nos cabía duda de que el Storytelling, las buenas historias, explicadas en atractivos formatos, iban a ser un vehículo más efectivo para la transmisión de mensajes complejos. Mensajes muchas veces implícitos como manera de generar reflexiones y respuestas. Mensajes lanzados mediante guiones equilibrados, en los que, sin perder el rigor académico, se alcanzase toda la potencia comunicativa.

La formación y el desarrollo concebidos ante todo como un acto de comunicación donde el formador, en su nuevo rol de dinamizador, se vale del arte y la tecnología para provocar reflexiones que llevarán a acciones de cambio. El directivo, el participante, por su parte, pasaba de ser un sujeto activo-pasivo (en función de la agenda diseñada para el curso), en el usufructuario de una serie de herramientas memorables.

De la mano de nuestros nuevos productos (Dramanagement, Y-Games, BizzComic, TalentApp, Management & Arts…) transportados a nuestros Workshops, estábamos convencidos de haber pasado de la Era de la Formación a la Era de la Transformación.

¿Estábamos al final del camino?