Una de nuestras colaboradoras Gen-Y, máster incluido, aprende gracias a clientas valientes…

Tengo 26 años, un máster y soy chica. Mi puesto en Cookie Box se ha definido de manera silvestre y ahora mismo –quién sabe mañana- creo que podría titularse algo como “gestora operativa de cuentas”. Suena aburrido y rimbombante, pero no lo es para nada. Es normal, asombroso, fácil y difícil. Como cualquier otra cosa.

Mi trabajo consiste en aprender mientras conecto ideas y personas y equipos, mientras cocreo soluciones que sirvan y que gusten y luego ocuparme de que las cosas que hemos pensado sucedan y sucedan muy bien, superando expectativas –esto no es nada fácil, pero siempre se intenta.

Mi día a día consiste en asombrarme –y sufrir- viendo de cabo a rabo cómo algo que no existía luego existe y tiene impacto en los demás. Aprendo porque me gusta, porque soy explorer pero sobretodo porque tengo personas inspiradoras cerca. Mis compañeras y compañeros, mis jefes y, aquí voy donde quería llegar, mis clientas.

Aún no podemos explicarlos, pero a ellas les debo mis proyectos, que son como los hijos que aún no tengo. Y no son ni siquiera míos. Son suyos, de mis preferidas: mujeres directivas de Grupo Damm y de KPMG y de Almirall. Otras clientas –las Organizaciones- que con esto sí hacen justicia a su nombre de mujer: han tenido la osadía y el sentido común de ficharlas.

Porque son incómodas pero super listas, estrategas, y se las manejan con tacto y convicción, canalizando y contagiando con calma su energía para poder hacer aquello que creen que necesita su organización y aquello que les divierte. Y lo hacen pioneramente, a pesar de, con un par, con mucha clase, con su falda, y ¡conmigo!

Porque son asertivas, empáticas y están de vuelta de muchas cosas. Porque con ellas todo es importante pero nada es grave. Porque lo hacen fácil pero retador, son exigentes y comprensivas y saben y aceptan generosamente los daños colaterales de ser quien rompe el hielo. También para ellas será el cielo. Porque son luceros para cualquiera. Pero sobretodo para chicas de 26 años con un máster como yo.

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