De su inicial banalización a los applied games, descubrimos el potencial de los juegos como instrumentos de aprendizaje, formación y transformación de hábitos.

Tercera entrega de la serie de artículos sobre gamificación escritos por Oscar García- Pañella. Para leer las entregas anteriores, puedes hacerlo en Misión: yo gamifico y Preámbulo y definiciones.

425 XP. Yo descubrí los Applied Games a los 10 años. Mis padres me regalaron un Sinclair ZX Spectrum con unas maravillosas teclas de goma que permitían programar, además de jugar y escuchar pitidos.

Tras incontables noches aporreando las teclas gracias a imprescindibles títulos como Knight Lore, de Ultimate, o Green Beret, de Imagine y Konami, decidí empezar a programar y, sin saberlo, creé un Applied Game. Gracias a él, mejoré mi capacidad de concentración y enfaticé mis competencias genéricas o soft skills. Me ayudó a aprender a reasignar recursos sensoriales en tiempo real para acometer complejas metas que, en el mejor de los casos, un player tiene que conseguir en tan solo unos minutos. Vamos, que casi parecía un broker de bolsa de 10 años. En mi caso programé un sencillo programa basado en el alfabeto que iba dirigido a niños y niñas de 4 o 5 años. Una historia en la que un pequeño escarabajo se perdía entre las letras de un abecedario. El juego era bien simple: tienes algunas oportunidades para seleccionar letras y si aciertas, encontrarás al pequeño insecto. Y si no, darás con la pantalla de game over. Jugar y aprender, como quien no quiere la cosa. Aprendí a programar motivado por crear un juego. Y permití a otros que conocieran el alfabeto gracias a este.

600 XP. y desbloqueado el trofeo “al tesón”. Pero esto ya hacía tiempo que duraba. Y si no, que se lo digan a Julián Álvarez y a su maravillosa clasificación de juegos serios . Es curioso como a finales del siglo XIX se banalizaba el juego (“… solo juega la chusma…”), a principios del siglo XX se admitía como necesario en los niños (“…y es que tienen que desprenderse de esa energía sobrante…”) y entonces llega el señor J.R.R. Tolkien, crea un universo transmedia absolutamente complejo y apasionante (El Señor de los Anillos) y da lugar, casi sin saberlo, a los RPG (Role-Playing Games o juegos de rol), que desarrollan la imaginación hasta límites insospechados (todo puede pasar contando tan solo con un pedazo de papel y unos lápices) y no digamos las competencias (asertividad, enfrentamiento a nuevas situaciones, capacidad de análisis y síntesis, trabajo en grupo, delegación, creatividad, toma de decisiones…).Y claro, esto empezó “a calar”. Y a usarse. Y por suerte, a estudiarse y potenciarse desde el rigor y el análisis científico.

De hecho, y por mostrar un ejemplo personal relativamente reciente, terminada mi carrera de Ingeniería y dispuesto a doctorarme, decidí invertir mi tiempo en la aplicación de la simulación física y la dinámica de partículas en el contexto de la simulación y la realidad virtual en el ámbito de la medicina. Gracias a la aplicación de complejos algoritmos y a algunas dosis de inteligencia artificial, programé uno de los módulos del simulador. Este bebía de las mismas aguas que los efectos especiales que disfrutaba en mis ratos de ocio jugando a videojuegos o viendo los F/X de las películas de cine. Tras cinco años de arduo trabajo, conseguimos reconstruir el corazón de un paciente a partir de imágenes 2D en baja resolución y, además, animarlo en tiempo real. Pura tecnología de videojuego aplicada a un contexto bien distinto. Un “superjuego muy serio”.

Y detrás vendrían tratamientos contra la obesidad infantil (Drappen’s World), gestores del estrés (iD-Stress), tratamientos de rehabilitación de rodilla (Rehabtimals), campañas de sensibilidad ecológica (Meeco), herramientas de cooperación y cocreación social (Eventual), tratamientos antitabaco (Habitals), campañas de marketing (Plástico Fantástico) y todo tipo de iniciativas complejas, serias, rigurosas, científicas y aplicables a prácticamente cualquier campo. Todas ellas desarrolladas en el ecosistema creativo Media Dome de La Salle-URL. Creo que sí, que hay algo más difícil que crear un juego, o videojuego, que realmente funcione. Y venda. Y se le pueda parecer en lo relativo a la multidisciplinariedad. Quizá ¿un cohete espacial? Buf, ha costado. Nos ganamos 1000 XP y desbloqueado el trofeo “a la persistencia”.

Ver Yo gamifico, tú gamificas: aprender, trabajar, divertirse (IV)

Este texto forma parte del artículo Misión: Yo gamifico, tú gamificas, ella gamifica… publicado por el Dr. Oscar García Pañella, Senior Gamification Consultant en Cookie Box, para la revista CatEconòmica nº515.