Yo ya sabía algo sobre VUCA de haberlo estudiado, contado y trabajado en sesiones diversas tanto en organizaciones como en ambientes académicos exigentes como el IESE: hablando de cambio, de competencias de la era digital, de nuevo entorno, de transformación organizativa, de necesidad de entender el contexto… blablablá. Como yo creía saber algo, curioseaba en mis situaciones de vida para conectarlas con las dimensiones VUCA, como un juego.

En Cookie Box hacíamos bromas. Alguna joven millenial del equipo recorría la oficina repitiendo vuca-vuca con entonación que sonaba a suajili y repetición de mantra, cuando algún proyecto se complicaba con altas dosis de presión añadida o cambios de rumbo inesperados. Esto también lo contaba en mis sesiones como una anécdota que facilitaba a los asistentes una buena razón o excusa para comprender lo que estaba pasando y, sin más, poner en marcha la adaptación. Era un modo de urgirles a aprender.

A principios de año, cuando consideramos que habíamos acumulado conocimiento y experiencias suficientes y solventes, empezamos a construir la idea de avanzar un paso más y hacer un programa digital configurando nuestro propio modelo de VUCAlíder. Pero el proyecto andaba lento abriéndose paso a duras penas entre los del día a día y no fue hasta febrero que comencé a darle un poco de forma. Tengo que confesar que no partió de la intención concreta y dedicada sino fruto de la casualidad y necesidad de insertarlo en el marco de la de un cliente. Pero esto funciona así, hacemos las cosas cuando necesitamos hacerlas, siendo proactivos aunque no preactivos.

Y entonces… llegó marzo. Y mientras algunos optimistas crónicos decíamos “qué exagerados, no será nada” sin, desde luego, esperarlo ni por supuesto imaginarlo, tuvimos que confinarnos en esta locura de situación vírica que todos sabemos y que no es objeto de este post. Decía entonces que, como un sarpullido insistente, tatuamos el hashtag #yomequedoencasa en nuestras vidas sin saber cómo ni hasta cuándo. ¡Toma ya! Vucazo al canto.

La suerte que tenemos en Cookie Box es que somos de cultura líquida, lo llevamos en el ADN. Esto hace que, de forma natural, nos adaptemos al recipiente y lo hagamos, en esa expresión tan nuestra: sin dramas. Y no porque la situación no sea dramática, y a muchos niveles, sino porque preferimos mirar hacia delante y no parar. Así que encontramos el momento. O él nos encontró a nosotros. Y me puse a trabajar en el programa.

Recuerdo, justo el último día de nuestra vida anterior, que en un desayuno al sol con Marta Sala, nuestra directora creativa, le pusimos nombre. Algo sencillo, que naturalice el cambio, que normalice la solución, que llegue a todo y a todos, que sea atemporal y estructural– nos decíamos. Recuerdo también que estábamos junto a las vías de tren que recorren el Maresme y de vez en cuando pasaba alguno que cortaba nuestras vistas del mar durante unos segundos obligándonos a mirar otra cosa. Preparábamos el lanzamiento de un gran proyecto presencial. Se anunciaba ya la fecha del confinamiento. ¿Cambio de planes? Cambia de plano fue nuestro título. Ya integrando la gestión del cambio.

Como no quiero extenderme demasiado no contaré el detalle ni la secuencia de la producción del programa. Sólo curiosidades y aprendizajes con el deseo de arrancar alguna emoción al lector. Lo que puedo avanzar es la conclusión: ha sido una experiencia VUCA elevada a VUCA. Todo lo que la ha rodeado era altamente volátil, sumamente incierto, absolutamente complejo y completamente ambiguo. Todo. El contexto, los medios, los canales, el contenido, el espacio, el momento…  y, por ello y con ello, he necesitado hacerlo para entrenar mi propio proceso de aprendizaje: metaaprendizaje fascinante y realmente mágico.

El modelo del VUCAlíder era lo único que tenía claro: las 4 dimensiones VUCA y las 2 habilidades para cada una de ellas. También, que quería que fuera un programa humano, cercano y realista, que consiguiera una buena conexión con el participante con independencia de su perfil y que se consumiera fácil y tuviese impacto. Esto sin perder de vista en ningún momento el objetivo pedagógico y surfeando con las limitaciones del medio y los recursos. Era lo único claro: la visión y, a la vez, el enorme reto. ¡Haremos una mini-serie fresca y actual de 6 capítulos!

Con este planteamiento, los protas tenían que ser personas normales, con sus conflictos y miedos en la vida profesional y también en la personal. OK, pues venga ¿y los actores? ¿y el equipo de producción? ¿y las localizaciones? Vuca-vuca, vuca-vuca. Víctor es Román Zabal, uno de los socios de Cookie Box que es actor semiprofesional y al que explotamos siempre que podemos; Úrsula es Marta Sala, nuestra directora creativa de la que ya he hablado y que posee uno de los cerebros más estimulantes que conozco; César es mi hijo Hugo, que he tenido la suerte de tener cerca durante este encierro como situación extraordinaria ya que él estudia fuera; y Alba, soy yo misma, luchando contra mis fantasmas por ser el centro de cualquier historia pública que no sea la mía. Ya ves, personas normales… en situaciones excepcionales.

Cada capítulo se ha creado en su momento. Durante la construcción de uno no sabía lo que pasaría en el siguiente ni qué trama lo acompañaría o en qué formato. Todo puro experimento e investigación. Muy VUCA. En lugar de madalenas yo cocinaba ideas en cualquier momento y a cualquier hora. He llegado a despertarme de madrugada porque se me ocurría algo que podía encajar y mi intuición me decía que lo integrara. También he tenido algún rato crítico porque no me funcionaba el botón de crear.

Una anécdota deliciosa es la de mi padre, que tiene 84 años y más marcha que mi lavadora. Les enviaba, a él y a mi hermana pequeña, cada capítulo al finalizarlo. Me hacían de betatesters aunque él no supiera ni lo que significa la expresión. Con el 5, el de Alba, tardé más (ya he explicado porqué), y un día mi padre me escribió un mensaje recordándome que se lo debía. Tras la sonrisa y satisfacción por su impaciencia, le contesté un punto agobiada que no estaba siendo fácil, que a veces no me salían ideas, que no tenía medios, que estaba cansada… su respuesta fue un simple no te desanimes que, la verdad, no me desatascó ni un ápice. A la mañana siguiente, tenía un correo electrónico suyo (porque lo que él envía no son emails) contándome una interesante batallita de su vida como fontanero, con la reflexión pertinente, por si me servía de inspiración. Es una pena que no pueda reproducirla aquí, estoy convencida de que despertaría interés e incluso cierta admiración; pero sí me gustaría resaltar que tras responderle un te quiero intenso e inmenso y trabajar mi propia gestión emocional, la historia de Alba fluyó.

Sobre esto también quisiera comentar, por si os han parecido creíbles, que las historias que se cuentan en el programa están inspiradas en unas reales que alguien me ha contado en algún momento o he vivido en primera persona. No hay ficción, solo adaptación y un enorme ejercicio de síntesis que tampoco me ha venido mal entrenar. He ido y venido, ampliado y recortado, escrito y borrado, montado y desmontado, buscando simplificar y agilizar mi aprendizaje. Puedo además confirmar que la austeridad potencia la creatividad.

De mi equipo, ¿qué voy a decir? Empiezo por Rocío y Adrián, detrás de mí, siguiéndome el ritmo, aguantando mis manías y respondiendo a mis peticiones: ponme un icono aquí, haz la revisión tipográfica, qué te parece esta idea, esto me emociona, esto para nada, venga vamos, queda chulo, dale una vuelta… insertándome en medio de sus mil obligaciones, siempre dispuestos, siempre con un gif a mano para hacerme sonreír. Y Marta, con su apoyo creativo, con su mirada milagro, con su curiosidad insaciable, agradeciéndome el papel de Úrsula y hasta que le haya desmontado la agenda por completo para que dedique un día entero a crear videos de Instagram. Marta es de esas personas que “le das un hilo y se hace un jersey”. Es lo que hizo con los recursos gráficos de su personaje. Simplemente le conté Úrsula y la historia esbozada (¿he dicho ya que iba construyendo adhoc?) y ella me iba proveyendo del estupendo material que le dio vida. Sobre el resto: mis socios, mis compañeros, en abrazo permanente. Dándome espacio, aplaudiendo mi esfuerzo, manteniendo en marcha la máquina, echándonos de menos, encontrando el momento en su propia vorágine para revisar, dar feedback, validar, animar, sostener y abrazar otra vez. Las mil gracias.

Y cosas curiosas de esas que no se ven: lo de conectar todo con Dinamarca fue una idea que surgió de un error que decidimos no corregir en su momento -allá por el capítulo 2- e insertarlo en el resto para que aportara ”salsa” al desenlace. El vídeo final con Marta bien abrigada porque se iba al frío cuando debajo lo que llevaba era un short. Las cien versiones del de Alba hasta que decidí hacer más de mí en lugar de impostar y comunicar así de forma auténtica y clara. Las llamadas y los audios a David, a las tantas, para tener una visión higiénica de una idea o darle forma simplemente al contársela. La libertad de escoger y compartir los recursos inspiradores y hacer conexiones bizarras con la música, el arte y la creatividad de la gente. El feedback de los clientes que lo iban probando. La difusión del equipo de Madrid, el de la Zona Sur y hasta el de Chile. Todos dispuestos a la colaboración, siguiendo el paso. La idea de abrirlo sin coste como acción solidaria en estos tiempos difíciles para personas y empresas que tuvo una aceptación unánime y nos emocionó a todos.

Y también tú al otro lado de la pantalla cuando yo te hablaba. Porque todo esto en el fondo va de ti y es para ti.

Por cierto, ¿has visto las habilidades VUCA resaltadas en color? ¿recuerdas que son ocho y, por tanto, falta una? ¿sabrías decir cuál es?

Es la agilidad, que no estoy segura que se haya dado en el proceso pero ha sido contundente a la hora de decidir ponernos en marcha para ofrecer algo distinto, ameno, sencillo y, sobre todo, útil a aquellas personas y organizaciones que como a nosotros les estimula estar en constante evolución.

* Este post forma parte del eLearning ¿Cambio de planes? Cambio de plano, sobre cómo moverse ágilmente en un mundo caracterizado por la alta tasa de cambio y la baja de predictibilidad (ver formación digital AQUÍ)”.