Decidir también se entrena: lo que los videojuegos nos enseñan sobre la toma de decisiones
Ocho preguntas del diseño de juegos para construir organizaciones más motivadoras.
De las aventuras conversacionales a los Culture Builder Games: cómo jugar nos permite practicar algo que hacemos constantemente en nuestra vida y en nuestro trabajo.
Tomar decisiones forma parte de prácticamente todo lo que hacemos.
Elegimos qué camino seguir, qué problema abordar primero, cuándo cambiar de estrategia o qué riesgo estamos dispuestos a asumir. Algunas decisiones son pequeñas y casi automáticas. Otras pueden cambiar por completo el rumbo de un proyecto, de un equipo o incluso de una organización.
Sin embargo, hay algo curioso: aunque decidir es una de nuestras competencias más importantes, pocas veces tenemos la oportunidad de entrenar la toma de decisiones en un entorno seguro.
Los videojuegos llevan décadas haciéndolo.
Una aventura también es un entrenamiento
Nuestro socio Óscar García Pañella recupera en una de sus últimas reflexiones una afición que probablemente muchos compartan: las aventuras conversacionales y los libros de Elige tu propia aventura.
En aquellos juegos, avanzar significaba leer, observar, probar opciones y tomar decisiones. A veces acertabas. Otras veces descubrías que habías elegido mal y tenías que volver atrás.
Con la evolución de los videojuegos, aquellas experiencias se hicieron más complejas y visuales, pero la esencia permaneció: el jugador decide qué hacer y descubre las consecuencias de sus decisiones.
Y precisamente ahí reside una de las grandes capacidades de los juegos como herramienta de aprendizaje.
Podemos experimentar sin que el error tenga las mismas consecuencias que tendría en el mundo real.
Decidir cuando no tenemos toda la información
Una buena decisión rara vez se toma con toda la información disponible.
En el trabajo sucede constantemente. Hay que priorizar cuando todo parece urgente, decidir con datos incompletos, reaccionar ante cambios inesperados, negociar con otras personas o modificar un plan cuando las circunstancias cambian.
En muchos videojuegos ocurre exactamente lo mismo.
El jugador debe interpretar la información disponible, valorar alternativas, anticipar posibles consecuencias y actuar. Después recibe feedback: algo funciona, algo falla, aparece una nueva situación o descubre que quizá existía una alternativa mejor.
Ese ciclo de decisión → acción → consecuencia → aprendizaje es extraordinariamente potente.
Y, además, permite equivocarse.
El valor de poder equivocarse
En una organización, algunos errores pueden resultar muy costosos. Una mala decisión estratégica puede implicar tiempo, recursos, oportunidades o incluso afectar a otras personas.
Por eso muchas veces aprendemos a evitar el error en lugar de aprender a gestionarlo.
Los juegos plantean una alternativa interesante: crear espacios donde podamos probar, equivocarnos y volver a intentarlo.
Una partida perdida no es necesariamente un fracaso. Es información.
¿Qué ha ocurrido?
¿Por qué no ha funcionado?
¿Qué podríamos haber hecho de otra manera?
¿Qué hemos aprendido para la siguiente partida?
Cuando trasladamos esta lógica al aprendizaje corporativo, el juego deja de ser únicamente una actividad lúdica y se convierte en un entorno de experimentación.
De jugar a aprender haciendo
Esta es una de las razones por las que los juegos tienen tanto potencial en contextos profesionales.
No se trata simplemente de explicar a las personas cómo deberían tomar mejores decisiones. Se trata de ponerlas en situaciones en las que tengan que decidir.
Un equipo puede enfrentarse a un reto con información limitada. Puede tener que ponerse de acuerdo, priorizar recursos, gestionar un conflicto o responder ante un cambio inesperado.
Y hacerlo dentro de una experiencia diseñada para que las decisiones tengan consecuencias.
Ahí aparece el valor del learning by playing: aprender no solo escuchando o leyendo, sino experimentando y haciendo.
La cultura también está llena de decisiones
Esta perspectiva conecta directamente con la forma en la que entendemos los Culture Builder Games en Cookie Box.
Cuando hablamos de cultura organizacional, a menudo pensamos en valores, comportamientos o mensajes que queremos transmitir. Pero la cultura también se construye a través de miles de pequeñas decisiones cotidianas.
¿Colaboramos o competimos?
¿Compartimos información o nos la guardamos?
¿Nos atrevemos a proponer una idea diferente?
¿Pedimos ayuda cuando la necesitamos?
¿Priorizamos el resultado inmediato o pensamos en el largo plazo?
Estas decisiones no aparecen aisladas. Están condicionadas por el contexto en el que trabajan las personas: las reglas, los incentivos, la confianza, el margen de autonomía y las consecuencias que perciben.
Por eso, diseñar cultura también implica diseñar experiencias que permitan practicar determinados comportamientos.
Un espacio seguro para experimentar
Un Culture Builder Game puede convertir conceptos abstractos como la colaboración, el liderazgo, la toma de decisiones o la gestión del cambio en situaciones concretas que las personas tienen que experimentar.
Y eso permite algo especialmente valioso: observar cómo decidimos cuando estamos dentro de la experiencia.
No hablamos únicamente de lo que creemos que haríamos.
Lo hacemos.
Tomamos una decisión. Vemos qué ocurre. Escuchamos a los demás. Descubrimos otras perspectivas. Nos equivocamos. Probamos otra estrategia.
Y después podemos detenernos y reflexionar sobre lo sucedido.
Porque el verdadero aprendizaje no termina cuando acaba la partida. Empieza cuando somos capaces de conectar lo que hemos vivido jugando con lo que ocurre en nuestro día a día.
Quizá decidir mejor empiece por practicar
Los videojuegos nos recuerdan algo que a veces olvidamos: muchas habilidades no se desarrollan únicamente adquiriendo conocimientos. También necesitan práctica.
Y decidir es una de ellas.
En un mundo profesional marcado por la incertidumbre, el cambio constante y la necesidad de adaptarnos rápidamente, crear espacios donde las personas puedan practicar la toma de decisiones tiene cada vez más sentido.
Al fin y al cabo, jugar es elegir.
Elegir un camino. Probar una estrategia. Asumir un riesgo. Aprender de las consecuencias. Volver a intentarlo.
Y quizá por eso los juegos pueden ayudarnos a prepararnos para algo que hacemos todos los días: tomar decisiones en la vida y en el trabajo.
Publicación inspirada en el artículo de Óscar García-Pañella (Gamification & Serious Games expert & Partner at Cookie Box / Program Director (ENTI-UB, IEBS, EUNEIZ) / SGLab Director / Innovation Manager @ i-Game / VIC Project / TEDx Speaker / Forbes Most Creative): «Eligiendo mi propia aventura…veraniega«